Gloria Inés

SIN RECETA · CAPÍTULO 1
Gloria Inés
La cocina de Gloria tiene cada cosa en su lugar. Y cada cosa tiene su razón de estar ahí. Sobre el mesón hay varios objetos infaltables a la hora de cocinar: la grabadora para escuchar sus canciones, una olla azul, otra de acero, la sartén de hierro. Por la ventana entra una franja de luz que cae exactamente sobre el fogón.

Gloria tiene 60 años, es viuda. No aprendió a cocinar de nadie que le enseñara directamente; aprendió viendo a su mamá, cuando la vida y su trabajo se lo permitía. “No fue que me enseñaron,” dice. “Yo la veía y fui cogiendo como la sazón de ella.”
Para Gloria, la cocina es su espacio preferido. Ahí hace todo lo que le gusta. Cocina con mucho amor porque cocina para sus hijos. Y la satisfacción es eso: verlos disfrutarlo.

Ese día preparó sopa de tortilla; papa criolla, papa negra, una carne que primero cocina y luego envuelve con la misma tortilla de huevo para colocarla a freír, técnica que también aprendió de su mamá. Y el seco: arroz blanco, papa criolla, carne. Y jugo de mora.


La preparación le recuerda a su mamá. También le recuerda a su esposo; él le mostró sabores que ella no conocía, comidas de la región Cundiboyacense: plátano asado verde, cola sudada, ají. Cuando cocina esas cosas, piensa en él.


“Es lo que más le gusta a mi hijo. Él es el invitado especial.”



Al fondo de la mesa ya puesta, hay fotos de su nieta, la cual llama con cariño “tesoro”.

